Curatoriales

Digit Art

Joseph de Utia a contemplado dentro de sus vertientes pictóricas el Suprematismo como eje principal del acontecer en su pintura, rasgos certeros, aparentes del ejercicio de la no representación, teorizado en 1920 por Kasimir  Malevich en colaboración con el poeta Vladimir Maiakovski (el suprematismo o el mundo de la no representación) una tendencia que deriva del cubismo y que se sustenta en geometrías puras y absolutas como son el cuadrado, el circulo o el triángulo y que en principio postulaba en un arte basado en la supremacía absoluta de la sensibilidad, plástica pura por encima de todo descriptivísimo naturalista y libre de todo fin social o materialista.

Aquello como punto de partida en su obra ha ido camino a la experimentación y hacia la búsqueda de una nueva forma de lenguaje en su quehacer pictórico, en el cual ha ido derivándose a la figuración de la imagen optando para ello con  iconos reconocibles  y personajes representativos del medio.

En esta última producción del autor se avizora en la imagen cierta manipulación propia por así decirlo de las nuevas tecnologías, una especie de intervención en la imagen, propia de las nuevas tendencias y la influencia de los medios.

La  reducción expresiva del mundo en contraposición con el origen de la vertiente primaria del Suprematismo desaparece dando paso al manejo de las imágenes presentadas, tomando una direccionalidad final hacia el arte pop.

Es en este, en donde De Utia alimenta su paleta en un acercamiento a los recursos del arte digital, procurando no desligarse por completo de la pintura, obteniendo así un resultado visual lleno de color y expresión dotando a cada retrato de la impresión requerida.

Los retratos presentados asumen en primera instancia una relación con nuestro entorno más conocido, personajes relevantes dentro de sus  determinadas disciplinas, los cuales dejaron  precedentes importantes (otros aun)  fruto de su continuo discurrir, también están aquí retratados los iconos o personajes más universales, sin duda una inclinación por abordar el conjunto a partir de la misma substancia.

Producto de la recreación en  cada uno de los personajes es que se avizora el cambio que cada uno ejerció en su momento, socialmente a partir de la actividad desempeñada, la presente es a la vez un indicativo del recuerdo en la conciencia por no dejarlos ir , mantenerlos a la vez como el propio autor, en el presente.

Pablo Villaizán , curador independiente


YMA SUMAC
(Reinvindicación)

 
 
Una diva exótica, una extraordinaria voz que abarcaba seis octavas y media, un emblema del Perú en el mundo, alabada en el extranjero y por décadas casi olvidada en su tierra natal. Zoila Augusta Emperatriz Chávarri del Castillo, más conocida bajo su nombre artístico quechua Yma Sumac, nacida en un pueblo de Cajamarca, fue lanzada a la fama en 1950 por la marca Capitol Records de Estados Unidos, actuó en Hollywood, tuvo giras por diferentes países y se convirtió en la primera latinoamericana con su propia estrella en el Paseo de la Fama. Yma Sumac es un objeto ideal para explorar el universo iconográfico de celebridades-íconos. En esta nueva serie, Joseph de Utia continúa sus experimentos con la existencia visual póstuma de personajes famosos. Podemos ver claramente cómo la carga simbólica y el halo mítico van transformando a una persona concreta, con sus pequeñas tragedias y alegrías humanas, primero en una figura mediática, y luego en un objeto de devoción popular. Es la percepción que deja el lenguaje directo, expresivo y deliberadamente ingenuo de los trabajos de Joseph, cercano, por un lado, a la publicidad gráfica, y por el otro, a la estampa religiosa (ambas, de paso sea dicho, tienen varios puntos en común). El Proyecto Yma Sumac puede ser visto, al mismo tiempo, como un sincero y auténtico tributo a la magnífica cantante, y como una reflexión crítica sobre la imagen pública de un ser humano, generada, utilizada e interpretada por la sociedad según su ley y a su criterio. ¿Qué será de nosotros después de nuestra muerte si nos volvemos famosos?
 
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VERA TULYNEVA
Curadora Museo Qorikancha del Convento Santo Domingo

Artista latinoamericano

El arte latinoamericano transita una ruta de replanteamientos constantes desde lo conceptual y formal, lo que permite a la vez una reformulación de toda la cartografía sociocultural representada y asumida como categorías políticas. Si bien en años atrás las críticas y comentarios culturales acerca de esta parte del mundo optaban por el uso del término periférico, para catalogar al mismo; cierto es que cada vez más se habla de un empoderamiento del arte en esta zona, y por ende el surgimiento de nuevos centros rectores.

En todo caso ha servido de mucho la definición de identidades, herencias y valores, como ejes temáticos centrales en las producciones artísticas, para mostrarnos con otro rostro a esa parte del mundo reconocida como hegemónica y autocéntrica, cuando en verdad cada zona posee su propio y auténtico tronco amén de influencias, estereotipos y legitimaciones reconstruidas a partir de renovadas cosmovisiones.

Debo reconocer que no he tenido un amplio – menos sistemático – acercamiento al arte contemporáneo peruano. Salvo las lecturas realizadas en medios como Arte Cubano y una que otra página cibernética, no he encontrado fuentes que lo permitieran. Hoy, que me acerco a la obra del artista Joseph de Utia, reconozco que hay mucho por descubrir de los discursos y medios artísticos instituidos en nuestra América, a la vez que promocionarlos por lo que en sí mismo valen.
Oriundo de la ciudad peruana de Lima, Joseph de Utia (miembro fundador del colectivo Poetarte) desde que inició a definir su vida profesional, tuvo la certeza que sería en torno a las artes. Graduado de Diseño Gráfico dedicó mucho tiempo a la publicidad, para después entregarse definitivamente a la creación que al decir de él “es una de las mejores maneras de reflejar los problemas sociales, como un compromiso primero”. Con una obra vasta ha experimentado a partir de la nueva figuración y el suprematismo – corriente del arte derivada del cubismo – y posteriormente desde el pop art, para convertir sus discursos en denuncias sociales o desde mi juicio, en un ideal de sociedad y de hombre actual que anhela impere.

La Serie Homenaje al Quijote se inscribe como sus primeros pasos dentro de las artes, y con ella valida un interés insistente en dejar manifiesto el todo por la parte al proyectar una obra cargada de la influencia de Kazimir Malévich; siendo así Utia se concentra en la poética de toda una imagen con la que reconstruye varios discursos, apelando sin dudas a una activa visualidad sobre obras con una impronta por demás simbólica. Si bien y de manera obligada la imagen quijotesca es identificada al personaje de Cervantes, Joseph de Utia la resemantiza para ofrecer un Quijote común, de hoy, cercano al hombre de a pie, ese mismo que encuentra obstáculos a cada paso y sin embargo no se detiene. La fuerza de esta serie radica justamente en los elementos que identifican al personaje central, en muchos casos apenas esbozado por líneas rectas que conforman rectángulos, por siluetas que en algunos casos recuerdan arlequines quienes más que el uso de la lanza eligen un golpe sagaz.

La obra de Utia por otra parte es reflejo de su voracidad por conocer la cultura universal, la que ha absorbido para llevarla hasta lienzo. La Serie dedicada a la vida y obra del escritor inglés Oscar Wilde es una suerte de pasaje plástico de los momentos vividos por el autor de El ruiseñor y la rosa y El cumpleaños de la infanta, a su vez la recreación de sus historias pudiera considerarse una muy válida intertextualidad con una factura muy cercana a los cánones del cartel y la gráfica. Sirva ver el óleo Oscar en la cárcel donde la connotación de un discurso mínimal, es sustancialmente manifiesto al semejar la bandera inglesa tras las rejas.

Joseph de Utia es un artista prolífero, experimental, audaz, que prefiere la alusión constante de cuanto enfrenta a diario. Sus ensayos desde el arte pop lo catapultan además, como un creador nada silencioso y sí urgido de hablar acerca de lo socio – político, lo contemporáneo a partir de una iconografía derivada de portadas antiguas, las que manipula y replantea para conseguir tramas actualizadas y reivindicativas para el reconocimiento de identidades propias como Portada árabe o Fin de la guerra.

Si me pidieran que valorara su obra dijera limpieza en el dibujo y certeza del color. Con ello este artista peruano se erige con una profunda identidad propia, a partir de lo más universal. Y bien vale la pena.

Viky James – Curadora México DF.

Maria Kodama Vda. de J.L. Borges y Joseph

Por el camino del irreverente

Ante todo, hablar de Joseph es hablar de un apasionado de lo nuevo y se recala en lo nuevo a través de la búsqueda. Búsqueda que muchas veces trae sinsabores, satisfacciones y ambivalencias. Empero, hablar de la búsqueda de Joseph es más que nada hablar de una indagación basada en el placer visual. Esta indagación lo ha llevado a morder cuanta exposición apareciera y con mayor razón, cuando se está a la caza del estilo, de la forma y del medio de expresión de alguien quien lleva el ardor  en el pecho,  la inquietud intelectual y las ganas irrefrenables de plasmar en un lienzo, toda esa naturaleza cuestionadora y transgresora que todo artista debe tener como punto de  partida para una verdadera propuesta artística carente de falsedad y adorno banal.

Llegar al Suprematismo no es mera casualidad, por el contrario, es la consecuencia de una errancia plástica insaciable. El Suprematismo es ante todo, un estilo en el que confluyen escuelas, movimientos, tendencias que encontraron a un fagocitador del color como Kasimir Malevich, a su exponencial referente, quien vio en las figuras geométricas y sus variantes el medio por el cual quiso salir del anquilosamiento plástico de su época, siendo conocida su obra el Cuadrado Negro, el punto álgido de una propuesta que le valió el repudio, la sorna, basada en el facilismo de la ignorancia y los prejuicios que en la percepción de su plástica, más no la indiferencia de sus coetáneos; que con el tiempo fue un crisol  que no dejaron de enriquecer nombres como los de  Gauguin, Cézanne, a quienes se les unen los inconformes como lo fueron los provocadores Fauvistas, crisol que sedujo a transgresores de la lengua  y la cultura como André Bretón  y los Surrealistas, sólo por citar algunos de una lista, que cada vez es más larga.

Una de las grandes herencias temáticas del Suprematismo es la prerrogativa que se le da al pintor; la del ser libre en su punto de vista en el que pueden confluir los afanes utópicos, las sensaciones lúdicas y oníricas que ejercen en el artista la inclinación por la libertad para una propuesta que demanda una alta fidelidad del ejecutante. Fidelidad sustentada en el riesgo. Son pocos los que lo cogen por las astas, son muchos los que la esquivan, pero el coqueteo con lo nuevo siempre ha estado ligado a los temerarios, a los desenfadados, y sobre todo, a los irreverentes como la plástica de Joseph De Utia, cuya  propuesta es la de un irreverente apasionado, quien rescata con su obra un punto de vista hiperpersonal; su imaginario histórico,  su patente e indesligable relación con la fe y la moral, y su eterna terquedad placentera con la literatura.

Es por eso es que Joseph se vale del Suprematismo, y de su variable, el triángulo, para encarar visionariamente sus más grandes pasiones, sin el temor a ejercer una muestra que bien le podría traer variopintas opiniones. Por el contrario, con la convicción que tienen los auténticos irreverentes, porque la irreverencia  no es una actitud  antagónica, es solo un punto de vista distinto alejado de la objetividad y cimentada con desgarradora fuerza  en la susceptibilidad de quien se atreve a resarcir a los duendes escondidos que todo esteta lleva dentro.

En las pinturas de Joseph podemos ver sus devaneos emocionales, cuestionamientos intelectuales a nuestra historia, a su peculiar e incondicional amor a la figura de Jesús (heredera y epígono del Cristo Amarillo de Paul Gauguin)  y su evidente homenaje al personaje de ficción por antonomasia de nuestra lengua; llevando Joseph una individual sustentada  en sí misma, con una irreverencia alimenta por imágenes, sobre todo oníricas y fantásticas que no hacen sino reflejar la inmensa honestidad de un inquietante corazón, uniendo el aspecto más racional y formal del arte occidental al más profundamente pasional, visionario, milenario y místico universo precolombino al darle una lectura distinta  al Señor de Sipán.

Podemos de Joseph De Utia es un permanente indagador del subconsciente, porque su búsqueda lo ha llevado más allá de la descomposición de un objeto, más allá de la coherencia matemática entre la sucesión  y la conexión de las líneas y los colores entre sí. La búsqueda quijotesca de Joseph se ampara en el exorcismo de la objetividad hastiante en pos de una narración subjetiva de su personal mundo figurativo.

Vemos que por medio del Suprematismo Joseph ha llegado a realizar el resquebrajamiento de la sempiterna dicotomía entre el tiempo y el espacio, en el que la irreverencia es marginal, pero a la vez, sustancial, porque si el Suprematismo le dio los medios para encarar sus deseos, es la irreverencia  que le sirvió y le servirá para enfrentar cualquier proyecto ligado al riesgo y en el caso de Joseph, su irreverencia es sinónimo de actitud.

Con los cuadros  alusivos al Señor de Sipán, vemos aun pintor comprometido con sus raíces, a su contacto directo con la historia y su tierra, que lo emparenta a la estirpe de Juan Miro, quien vio en su tierra natal Cataluña, el eje temático en el que su obra adquiriría resonancia, y no podemos dejar de mencionar a Víctor Humareda, quien en similar actitud a Joan Miró, hizo del conocido hotel Lima en La Parada, el centro de su mundo plástico e existencial. En otras palabras, prestidigitadores, de quienes Joseph bebió en pos de una actitud creativa.

Parte fundamental de la obra de Joseph es la utilización de los colores puros, y son estos colores los que se hacen presentes con notoriedad en las imágenes de Cristos, quien a través de ellos,  nos ofrece una visión personal que nos lleva a tener un nueva lectura de un personaje por demás conocido, demasiado nombrado, que por su causa se justifican guerras inicuas, por no decir idiotas, pero que en estos cuadros, Joseph ofrece sin complejos (al menos para quien ha escrito este ensayo) su honesto amor por la persona  de Jesús.

Si la pintura para Joseph es su pasión declarada a través del oficio, la Literatura y sus personajes forman parte de su pasión escondida, no pudiendo estar ausente el personaje paradigmático de nuestra lengua, quien bajo la batuta de Cervantes no sólo dio altos sectores el placer de ser parte de las aventuras del ingenioso hidalgo, sino, de paso, acomplejó  a todos los escritores y poetas venideros de la lengua castellana. El Quijote de Joseph no respeta el tiempo, cual romántico soñador traspone las barreras del tiempo y el espacio al pasar su figura con un impensado Rocinante, estilizado y vigoroso por los valles de Túcume y Sipán.

Ante todo, este artista nos  muestra de una plástica insular. De un afán desmedido que lo ha llevado a nutrirse del arte pictórico europeo, teniendo como referentes a Manet, Gauguin, Matisse y Malevich. Cruzando el atlántico, nos encontramos con su deslumbramiento ante el action painting de Jackson Pollock por los murales de Diego Rivera, por el norte. Con el surrealismo de Roberto Matta, en el sur. Y por estos lares, con la influencia de Víctor Humareda, Sérvulo Gutiérrez, Enrique Polanco, Herbert Rodriguez, José Tola y Eduardo Tokeshi.

Si bien es cierto que Joseph De Utia optó por la influencia formal y la temática de Malevich, no dejará de reconocer la contribución a su acerbo plástico que ejercieron los pintores nombrados, porque esta noche Suprematista, de Señores y Quijotes llevada por un apasionado irreverente es un vivo homenaje para ellos también.

Por Gabriel Ruiz-Ortega, Crítico literario

Performance Festival de Performance en Lima

De Profundis

Desde el abismo

«Detrás de la alegría y la risa, puede haber una naturaleza vulgar, dura e insensible. Pero detrás del sufrimiento, hay siempre sufrimiento. Al contrario que el placer, el dolor no lleva máscara.»
(Behind joy and laughter there may be a temperament, coarse, hard and callous. But behind sorrow there is always sorrow. Pain, unlike pleasure, wears no mask).

Joseph de Utia, (Lima 1968) Artista visual de imágenes reconocibles con sentido para lograr una postura estética y alcanzar una crítica en la sociedad de consumo modernas presenta una serie dedicada a Oscar Wilde en la cual explora la vida y obra del poeta y dramaturgo.

A través del retrato que De Utia se vale para introducirnos en tendencias icónicas o Neo-representativas utilizando como recurso en su trabajo el Pop Art, para formular un resultado que es la manifestación del estilo de vida de una época . Siendo éste el mecanismo empleado, se posibilita un contenido apreciable en sus formas sin dificultad. Esta asociación, surge por su interés en el entorno crítico de medios socio-culturales, utilizando en este caso el referente de la literatura.

Wilde fue un esteticista por antonomasia, definiendo una actitud egocéntrica respecto a la belleza, en la cual se reducía a la contemplación al puro disfrute subjetivo, convirtiendo su objeto en simple instrumento para alcanzar el placer estético.Esteticismo y Decadencia, fueron dos tendencias de la época, cuyos manifiestos programáticos pudieron ser novelas, como El retrato de Dorian Gray y los rebuscados y artificiosos dibujos de Audrey Beardsley*,en parte, una reacción estética frente a gustos anteriores, como el Realismo naturalista, y en parte también a la afirmación de un nuevo papel moral del arte y del artista ante la sociedad.

Pablo Villaizán, curador indepeniente, Barcelona España

Proyecto Wilde

WILDE EN LA VIDA DE UN ARTISTA

Un evento que reúne trabajos constituidos desde diferentes perspectivas y visiones creativas, las cuales ahondan en el panorama de la vida y obras de Oscar Wilde dentro de la plástica contemporánea de Joseph De Utia.

Aquí el dialogo es con el público a través del Arte. La pretensión en sí es, promocionar el arte, mostrar la obra reciente. La exposición rebasa las expectativas de crear un público al efecto, promocionando al artista, la adquisición de obras y el coleccionismo.

La muestra propone una búsqueda colectiva con proyección a cautivar a los seguidores del escritor y aquel público que se identifica con sus obras.

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VERA TULYNEVA

Curadora Independiente

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